domingo, 4 de agosto de 2013

XIV

Pulsasiones: a veces rápidas, a veces lentas, a veces moribundas. Bastan cinco letras convertidas en respiros para que se recuperen. Son cinco y a mi también me revivieron. Son cinco y tú sabes pronunciarlas. Ellas y tú me acarician.
Sí. El tan definido, atractivo, esperado, tuyo, te amo. Solo el tuyo. El que me desarma y vuelve a construirme. El sostén de mi suelo movedizo y tìmido. Sí. El tuyo. El único para la vida de esta terrícola que todavía no conoce su profundidad y volumen, pero que sabe que ahora es real. Lo sabe. Es terca, insegura, pero la intuición no siempre le juega sucio. ¡Vaya antídoto que revive! Me devuelve aquí cuando lo dices, y lo que es aún más envidiable: sabe cuando actuar. Conoce sus efectos: en gotas, de a pocos, pero que trascienda.

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